MILITARES JUDÍAS presentan su nuevo disco "(De)generación acomodada"
"(De)generación acomodada", incluye las canciones escritas y grabadas por Militares Judías entre finales de febrero de 2024 y finales de 2025. Sus temas pueden dividirse a grandes rasgos entre los que echan atrás a quienes no toleran bien el ruido, y una pequeña minoría en los que se tranquilizan un poco antes de disponerse a perforar tímpanos una vez más.
¿A QUÉ ARTISTAS FUSILAN?
Ellos mismos los reconocen en la edición física del disco, donde, a modo de bibliografía, irán desgranando de dónde proceden los múltiples samples que han empleado. Esto lo hacen por esnobismo y para ver si, con un poco de suerte, alguno de los artistas sampleados los denuncia y así consiguen un poco de publicidad gratuita. Algunas canciones tienen trazas de Fat White Family (eso dice Ángel Kaplan, él sabrá, jejejeje), Spacemen 3, Jesus and Mary Chain y, según algunos (cómo siempre en este país cuando se mezclan guitarras altas y voces que no sobresalen tanto como las de Julio Iglesias) Los Planetas. Sin embargo, las miras del grupo van un poco más allá y hay cosas que van desde Danny Brown hasta el poeta y músico renacentista Juan del Encina, del que admiran su gran sentido del humor.
¿DE QUÉ HABLAN SUS CANCIONES? NO SE LES ENTIENDE NADA, LA VOZ ESTÁ MUY BAJA
Sus letras pueden dividirse también en dos tipos; las que hablan del puto teatrillo en que se ha convertido esta porca existencia y las que hablan de que, pese a que queremos creer que queremos liberarnos, en realidad no estamos tan mal atados en corto mientras haya algo que pacer. No son muy originales los chavales, qué le vamos a hacer. No hay, sin embargo, eso que algunos llaman "reivindicación", porque quienes hacen esas canciones suelen olvidar que primero hay que mirarse a uno mismo y, como decía Sartre, recordar que estamos condenados a ser libres y a responsabilizarnos de nuestras decisiones. Es algo que suele olvidarse en esta época en se admira a víctimas en lugar de a héroes. Si queréis saber de qué hablan más en concreto, compraos el disco o mirad sus lyric videos en YouTube, vag@s.
¿PARÁ QUÉ COJ**** SE EMPEÑAN EN SACAR UN DISCO A ESTAS ALTURAS DE LA VIDA?
En palabras de su productor Andrey Francés, porque es el único formato con el que podrías seguir escuchando música en caso de un apagón tecnológico. Por eso y porque, manda huevos, algunos inconscientes querían una copia, veremos si al final la adquieren, que la peña mucho lirili y luego... También porque habían hecho un par de fotos que quedaron chulas y les apetecía ver cómo quedaban ampliadas y sobre cartón.
¿QUÉ PODEMOS ESPERAR DE ESTA GENTUZA EN EL FUTURO?
Poco bueno, algún videoclip con sus colegas de Antígeno Visual (si es que tienen a bien ponerse a trabajar de una santa vez ;), una gira por México que supondría cumplir la ilusión de la vida de uno de sus componentes y, siguiendo con su táctica de tocar fuera de España, dar por fin ese concierto en Bilbao que tienen apalabrado desde hace un millón de años con Pablo, de Dolerme. También tienen pensado escribir canciones nuevas que seguirán la veta menos rockeril iniciada con su tema "Canción triste de Beltrán Moner". Si están lo bastante locos, puede que hasta las graben en los afamados Invada Studios de Bristol, siempre y cuando su ingeniero 7-Stu-7 no haya quedado demasiado horrorizado después de escuchar este "(De)generación acomodada".
MILITARES JUDÍAS: La mordida del perro rabioso
Hay perros viejos que conservan bien la dentadura. Sus colmillos, aún afilados, están listos para arrancar un buen trozo de
carne en la mordida.
Esta es una premisa imprescindible para entender el asalto sonoro de Militares Judías. No son nuevos en la plaza: su pelaje
musical ya muestra cicatrices y canas. Por eso, sus temas mezclan lo mejor de unas cuantas décadas y, sin embargo, saben a nuevo, a recién cocido.
Tal vez porque se han hecho a fuego lento. Ya hace diez años que César (batería) y Pablo (guitarra, voz, etc.) se
encuentran a través de la amistad común de David (bajo, un músico-guadiana ahora desaparecido). Empiezan a juntarse en el almacén de un polígono industrial para tocar versiones: Bauhaus, Ramones,
Ilegales... cualquier cosa que les guste. Distracción, juerga.
Pero, entre la diversión, comienzan a dibujarse riffs propios que se van registrando en un 4 pistas para jugar con ellos,
retorcerlos, amasarlos. A las bases se añaden teclas, se reproducen las cintas al revés para que nazcan monstruos nuevos, distintos. Todo ello girando alrededor de la premisa desdibujada, inconcreta,
de mezclar ruido y brutalidad (The Jesus & Mary Chain, los primeros Dinosaur Jr., los océanos de distorsión de My Bloody Valentine) con la experimentación de un rock avanzado, distinto, que juega
con texturas incluso electrónicas (Boards of Canada, Seefeel, Paul White). Por si no bastara, los ecos de Stooges y el rock australiano, o los aromas post-punk de los primerísimos ochentas, afloran
desde su bagaje, dando forma a una amalgama multitentacular...
Pero el grupo echa momentáneamente el freno cuando Pablo se escapa un tiempo de la capital. No obstante, lo grabado en esas
improvisaciones infernales va con él, y sigue adelante con ello, lo rehace una y otra vez hasta darle forma de canciones. Sigue en contacto con César, trabajando en la distancia, aprovechando visitas
intermitentes para seguir puliendo (o afilando) aristas. Y todo acaba por concretarse en una docena de temas. Pablo, buscando aprender a usar programas de registro y edición que les permitan acercase
más a las ideas que les bullen en las cabezas, conoce a Andrey, un técnico de sonido de urban y electrónica. Éste alucina con lo que escucha, y lo que iba a ser un contacto casual acaba con su
integración en el engranaje de Militares Judías, sonorizando, añadiendo detalles de sampler... Una pieza más del puzzle. Las letras también se van concretando: al principio les cuesta, Pablo no tiene
ansias de ser un frontman, tocar y cantar a la vez puede ir en detrimento del resultado. Pero surgen frases improvisadas para ajustar una melodía de voz, y al final se quedan para generar textos
surrealistas que acaban siendo (otra) marca de la casa.
Surrealistas como su propio nombre: pregúntales y te dirán que no se acuerdan bien, que piensan que puede tener algo que
ver con Tarantino, aunque también es posible que naciera en alguna pesadilla de sesteo, tras haber comido un buen plato de sus adoradas fabas. Viniendo de ellos, cualquier cosa es
posible...
Cuidado, que vas avisado desde el inicio: estos perros están rabiosos y no dan tregua: si te enganchan, ya no te
sueltan.
David F. Abel
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