La alarma de seguridad contra incendios que acompaña el disco se traduce en las urgentes "Monkey man" y "Nada me sabe" mientras que en otro extremo, el down tempo de "My darkness", la intrigante instrumental "Il morto" (sutil seña italiana en el disco) y la sinceridad de un "Amanecer violeta" cerrando el álbum rebosan una riqueza atmosférica emblema a lo largo del incendio. 


La propuesta se completa con la cover de Dusty Shoes "Set me free" en clave de folk nervioso y las dos versiones de "Bailarina". Esta abre el disco con un pop acústico mano a mano con esa electrónica que viene y va a lo largo del viaje y más adelante con una autorevisión del tema vestida en lo-fi de salón con ecos de la América profunda. Envolvente vaivén de sensaciones.

 

Algunas personas pueden provocar incendios como forma de aliviar la tensión, en este caso la piromanía sonora es una antorcha que ilumina un pasillo oscuro en el que suenan cacofonías de una voz cálida de sello personal canalla, romántico y nocturno.

La variedad compositiva, la amplia gama de colores en la producción y la amplitud de sonidos dan un resultado global del disco que rubrica una evolución respecto a su anterior trabajo "El fantasma de Hollywood"(Hall of Fame, 2014). No podía ser de otro modo viniendo de un inquieto observador urbanita, alquimista del buen gusto, con la bandera de la sencillez y buceador en los gases internos del lanzallamas.

El ser humano tiene un temor instintivo al fuego, también a enfrentarse a sus miedos, por eso este nuevo lanzallamas es mucho más que un sistema mecánico creado para proyectar el fluido incendiario y controlarlo con puntería. Este líquido inflamable va dirigido hacia los oídos de quien quiera dejarse seducir por esta necesaria piromanía y de paso purificar los cerebros.
No le intentes detener.

 

Antón Balandria.

<<iniio<<


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